En sus inicios, el copyright no distinguía entre el derecho moral de autor y el derecho patrimonial de autor, importando exclusivamente la retribución económica del titular, en relación a las copias de la obra protegida. Sin embargo, con el predominio del droit d’auteur y la consideración de las creaciones del intelecto como una prolongación de la propia individualidad del artista -a raíz del nexo indisociable entre la obra y la personalidad del autor-, se hizo necesaria la distinción entre derecho moral de autor y derecho patrimonial de autor, quedando así reconocido en el Convenio de Berna de 1886: el tratado internacional más importante en la regulación de estas materias (y que ha sido suscrito por más de 170 países).

A pesar de que Estados Unidos se unió al Convenio de Berna en 1989, la interpretación del derecho moral de autor ha sido siempre restringida en su país, negándose continuamente a reconocerlo oficialmente como lo hacen los demás países miembros del tratado, manteniendo una postura más ligada al copyright.

Al respecto, si bien algunos creadores como los artistas visuales poseen un pequeño conjunto de derechos morales respecto de ciertos tipos de obras; otros, como los músicos, autores y compositores de obras musicales, carecen de una regulación específica que les garantice la protección de estos derechos. En respuesta a esta realidad, la oficina estadounidense a cargo de estas materias (U.S. Copyright Office) realizó un estudio sobre el tema, recolectando testimonios de diversos participantes de la industria musical, entre ellos de la Asociación de Industria Discográfica de Estados Unidos (RIAA, por su sigla en inglés),

A juicio de la RIAA, la ley que rodeaba la atribución era demasiado “amplia”, “vaga” y “problemática” para convertirse en ley estatutaria en los EE.UU., arguyendo que no se necesita un mandato gubernamental porque la atribución ya es una parte esencial y bien establecida del negocio de la música, por lo que un nuevo derecho de atribución legal “además de ser innecesario, probablemente tendría consecuencias indeseadas”.

Estas declaraciones provocaron que diversas organizaciones representativas de músicos, autores y compositores firmaran una carta abierta en la cual señalan que la posición de la RIAA no sólo es irresponsable, sino que además representa una traición, ya que la RIAA parece acercarse a la atribución y la exactitud que los metadatos proporcionan como si fueran una amenaza, cuando son esenciales para un futuro digital saludable para los creadores de música.

A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, Chile reconoce expresamente la protección del derecho moral de autor, siendo el principal fundamento legal para reivindicar autoría y retribución respecto del uso de sus obras intelectuales. De hecho, el Departamento de Derechos Intelectuales no permite la inscripción de una obra bajo titularidad de una persona jurídica si es que la solicitud no señala expresamente las personas naturales participantes, siendo este un claro indicador de la postura institucional respecto a la importancia de este derecho.

De todas formas, es interesante el debate que se ha abierto en Estados Unidos y la discusión en torno a un derecho que, a diferencia del resto pertenecientes a la propiedad intelectual, no responde a concepciones económicas.